La noche era silenciosa para nosotros, y más aún lo era gracias a que en el búnker de Aren, no nos llegaba nada de bullicio ni siquiera desde el pasillo de la casa. Estar aquí se sentía como si bien fuera el lugar más alejado del mundo. El perfecto escondite para un fugitivo de la justicia.
Entonces, Aren sirvió el vino en las copas vacías, me entregó la mía, y ambos brindamos por qué estábamos pasando la noche allí, juntos, y con buenas vibras, y que por fin, llevábamos más de un par de horas