Sin embargo, antes de que nuestro romanticismo pudiera continuar como debía, justo antes de que Aren pudiera haberme querido besar de nuevo, todo se vio interrumpido por un sonido que escuché que provenía desde la distancia más lejana, pero que gracias a mi oído de vampiro, pude distinguir muy bien de qué se trataba.
Rápidamente, nos separamos de nuestro abrazo, y nuestras miradas se posaron sobre la puerta de entrada al lugar secreto.
— ¿Has escuchado eso? — pregunté, mientras que mi oído se