Entonces, la cueva se abrió ante nosotros, la luz de la luna se filtró entre las ramas de los árboles, dejándome ver entonces todo aquello que rodeaba el interior del lugar. Una suave brisa movía las hojas de los árboles, y así mismo lo hizo con mi cabello. Escucho que se forma una especie de susurro en el viento, y eso me generó una melodía muy tranquilizadora que había ayudado a que yo me sintiera segura y en confianza de estar allí.
El lugar simplemente era muy sereno, y muy tranquilo, sin