Burton cerró la puerta del coche tras de sí, aliviado por tener por fin un momento para respirar.
Aquellos cinco minutos de conversación habían parecido más bien una hora, con el Príncipe Xaden acosándolo cada vez que intentaba hablar con Maeve. Francamente, era un milagro que hubiera conseguido que aceptara su invitación a cenar.
Maldita sea, maldijo en silencio, mientras observaba distraído cómo la mansión se perdía lentamente en el horizonte a sus espaldas. Kenneth había tenido razón, d