Bianca.
Temblé de miedo, de pánico. No podía ser. No podía ser. Simplemente no podía ser.
Yo vi el cuerpo sin vida de mi bebé. Ese bebé no era mío, simplemente no era. Porque mi hijo estaba muerto, su corazón no resistió. Era prematuro y le faltaba aún formación.
La mano dura de Giovanni se clavó en mi brazo, me jalo para que pusiera mi atención en él. Acunó mi rostro suplicándome que se lo dijera, que le contara todo lo que estaba pasando.
Pero no podía.
No podía hablar. Ni respirar.
—Bianca