Bianca.
Las cosas se salieron de descontrol.
No puedo creer que cogiera con Giovanni delante de todos, y que estuviéramos tan absortos en nuestros actos, que no pudiéramos darnos cuenta de que hacíamos una locura. Me dolía terriblemente la cabeza, y no podía dejar de pensar en todos los sucesos.
—¡Ay, cuidado! ¡Me haces daño, estupida! —le chillé a una empleada.
Vi como su rostro se contraía del miedo en el reflejo del espejo del tocador dorado.
—Lo siento, señora. Tiene el cabello muy enredado