Bianca.
—Necesitas dormir, te ves cansada —comentó Luka, lo escuché detrás de mi —. El aire frío va a enfermar al bebé.
Mi mirada siguió varada en algún lugar de la inmensidad de agua, cargué al niño entre mis brazos pero no me moví. Mandé a Luka a que le comprara más ropita para que no tuviera frío y estuviera abrigado. Estaba demasiado mono con su gorrito de lana, pero aún así, no podía quitarme la soledad de mi corazón.
Lo extrañaba. Lo extrañaba muchísimo. Tanto que ni siquiera podía resp