La gala estaba descrita en el programa como recepción de patrimonio cultural marítimo. En Mónaco eso significaba siempre dinero vestido de historia: las mismas doce familias mostrándose las mismas once caras sobre las mismas diez botellas, fingiendo que había contenido cultural en algún punto de la sala. Franco había usado eventos así durante años como cobertura operativa, principalmente porque la indiferencia genuina de los asistentes a cualquier cosa que no fuera su propio reflejo hacía costo