Lo había planeado desde las seis de la mañana.
No era un plan definitivo —Adriana no llamaría definitivo a nada que no tuviera tres rutas de contingencia—, sino una fuga de prueba. Exactamente eso: un experimento para medir el sistema, no para romperlo. Quería ver dónde estaban los bordes reales.
Pasó la mañana siendo una rehén ejemplar.
Desayunó cuando Damián trajo la bandeja. Pidió las noticias a la hora acordada. Leyó. Devolvió el teléfono. Subió al segundo piso con el cuaderno que le había p