El aviso llegó a las once y media de la noche a través de Damián, que llamó a la puerta del segundo piso con dos golpes precisos y le dijo que se pusiera algo oscuro y de abrigo. No dio más explicaciones. En Fontvieille las explicaciones parecían repartirse por capas, como si toda verdad tuviera que cruzar primero una aduana.
Adriana eligió del armario un pantalón negro, un jersey oscuro y las zapatillas más funcionales que encontró. Mientras se cambiaba pensó, no por primera vez, en quién había