No llegó una llamada. Llegaron titulares.
Franco entró al segundo piso con el teléfono en la mano y la carpeta bajo el brazo antes de que Adriana hubiera terminado el café. No llamó a la puerta. Tampoco esperó que ella lo invitara. Dejó el dispositivo sobre la mesa con la pantalla hacia arriba y se quedó de pie mientras ella leía.
Tres recortes de prensa. Los titulares estaban subrayados a mano con una línea fina, el único detalle impreciso de toda la presentación.
El primero era escueto: crisis