Escuchar la voz de Franco planeando su secuestro fue peor que leer cualquier informe.
Adriana creyó que estaba preparada. Había escuchado su confesión ante Renard, había sostenido la verdad sin que nadie la administrara por ella, había repetido para sí misma que amar a Franco no podía significar borrar lo que él había hecho. Pero la voz grabada tenía otra crueldad. No era el hombre que ahora esperaba en pasillos, contenía la rabia o preguntaba antes de acercarse. Era el Franco anterior. El que