Adriana sintió la vigilancia antes de leer el titular.
No era una cámara visible ni un hombre apostado frente al edificio. Era algo más fino, más propio de Beatrice: la impresión de que cada gesto cotidiano había dejado de pertenecerle. Tomar café junto a Franco podía parecer dependencia. Sentarse a la misma mesa, estrategia compartida. Salir del apartamento con él, confirmación de un vínculo dominante. Permanecer lejos, actuación calculada para fingir independencia. La trampa era perfecta porq