Gael apareció en la pantalla antes de que Adriana terminara el café.
No entró como novio.
Entró como solución.
El encuadre era impecable: fondo neutro en tonos piedra, una biblioteca demasiado medida para parecer casual, una luz lateral que le afinaba el rostro sin volverlo blando. Traje azul oscuro. Corbata gris. La clase de sobriedad que en Mónaco no significaba modestia, sino entrenamiento.
Adriana no necesitó oírlo para odiar la escena. Le bastó la forma en que estaba sentado. Recto, disponi