La primera humillación de Bianca aquella mañana fue una cuchara.
Adriana la vio antes de sentarse.
La mesa del desayuno, en el comedor pequeño del refugio, estaba dispuesta para tres personas con una precisión casi obscena. Mantel gris. Café oscuro ya servido en la cafetera francesa. Pan tostado en una cesta baja. Dos cucharillas comunes junto a la taza de Damián y la de Adriana. Y, junto a la taza de Franco, una cuchara antigua de plata con el mango grabado con un relieve marino que Adriana ya