Las dos palabras aparecieron en la pantalla del teléfono de Damián a las siete de la mañana.
Esposa cautiva.
Era el titular. Cuatro sílabas elegidas con el cuidado específico de quien sabe que la crueldad más eficaz no necesita insultar: solo necesita nombrar. El artículo tenía foto. Adriana salía del edificio del ministerio el día anterior, con el abrigo oscuro y la vista al frente. Franco caminaba a medio metro de ella, a su derecha, con esa forma suya de ocupar el espacio que en la vida real