La pregunta llegó con la cena, que nadie había pedido pero que Damián hizo traer de todos modos porque llevaban doce horas sin que ninguno de los dos comiera algo que no fuera café, titulares y argumentos.
—¿Nos mostramos juntos o nos distanciamos? —preguntó Franco.
Estaban solos en el despacho. La mesa tenía dos platos, pan sin cortar y una conversación pendiente que llevaba horas acumulándose sin que ninguno la nombrara del todo. Afuera, el puerto seguía brillando con esa tranquilidad obscena