La última sesión antes de volver a Mónaco fue en una sala pequeña del organismo de Génova con luz de tubo y agua mineral sobre la mesa.
Caron era eficiente, directo y sin el exceso de protocolo de los hombres que habían aprendido a administrar el poder disfrazándolo de procedimiento. Eso era una ventaja. El proceso avanzó con una rapidez que Adriana habría apreciado más si no hubiera estado pensando en la carta del bolsillo de Franco durante toda la sesión.
Cuando Caron salió a verificar un docu