La carta del padre de Franco llegó desde Génova.
No era larga. Cuatro párrafos con la letra apretada de alguien que nunca aprendió a escribir sin prisa. Franco la había encontrado entre los documentos de Vanni, en una caja que llevaba once años sin abrirse, y la había leído tres veces antes de decidir guardarla en el bolsillo interior de la chaqueta en lugar de escanearla y enviarla a Damián.
Adriana lo supo porque vio el gesto. Porque ya conocía la diferencia entre cuando Franco guardaba algo c