Llamaron a la puerta sin esperar respuesta.
Bianca entró antes de que ninguno de los dos la autorizara.
No llevaba drama en la cara. Llevaba intuición herida.
Sus ojos fueron al vestido negro sobre el sofá. Luego al esmoquin abierto. Después a la invitación todavía visible sobre la mesa.
Tardó menos de tres segundos en entenderlo todo.
Eso fue lo más alarmante de ella. No que espiara. Que aprendiera tan rápido.
—No van a ir solos —dijo.
No fue pregunta. Fue una decisión tardía intentando sonar a