Punto de vista de Aria
Lo noté entonces, la ligera dureza en su mirada, un sutil y despiadado matiz bajo la calma paternal. Era la mirada de un hombre acostumbrado a ser obedecido, que sabía cómo conseguir lo que quería. Una parte de mí gritaba que corriera, pero otra, más grande y agotada, estaba desesperadamente cansada de correr. Me había quedado sin opciones. "¿Y... estás segura de que es seguro?", pregunté, con la voz apenas un susurro.
"He vivido muchísimo tiempo", dijo, con la absoluta s