**Punto de vista de Aria**
El peso de la ceremonia de nombramiento se instaló en mi pecho en cuanto desperté. Dos días. Se sentía como una cuenta regresiva hacia una ejecución.
Las criadas me vistieron en silencio. Sus manos eran eficientes, sus rostros inexpresivos. Me trataban como a un maniquí que preparaban para una subasta. Abrazaba con fuerza a mi hijo contra mí mientras trabajaban; su calor sólido era lo único real en la habitación.
Cuando terminaron, me concedieron permiso para salir. No libertad. Permiso. Un guardia se colocó detrás de mí. Ya no discutía.
Doblé una esquina hacia un pequeño salón iluminado por el sol, cerca del ala este. Y me detuve.
«Elisa».
Su nombre salió de mis labios antes de que pudiera contenerlo. El pecho se me apretó. Estaba más delgada, el rostro más cansado, pero era ella. Por un segundo, olvidé dónde estaba.
Se giró al oír mi voz. Sus ojos se abrieron de par en par. Luego corrió hacia mí y me abrazó con fuerza, rodeándome los hombros con los brazos