**Punto de vista de Aria**
Los guardias dudaron una fracción de segundo y luego, como uno solo, bajaron las armas. Retrocedieron, pero sus manos se mantuvieron cerca de las fundas.
Solté un aliento tembloroso que no sabía que estaba conteniendo. Mis piernas se sentían débiles.
—Mis disculpas, Don Salazar —dije rápidamente, inclinando la cabeza—. No estaba mirando.
Me estudió en silencio, sus ojos hundidos midiendo cada detalle de mí. De cerca parecía más viejo, las arrugas de su rostro como gr