**Punto de vista de Aria**
Durante un largo segundo, nadie se movió.
Diana estaba frente a mí, congelada, con la cabeza ligeramente girada por el impacto. Una marcada huella roja de mano florecía en su mejilla bajo el maquillaje perfecto. Sus dedos cuidados temblaban cerca de la marca, con incredulidad.
Leo lloraba con fuerza ahora, su pequeño cuerpo rígido y tembloroso en mis brazos, sus sollozos agudos de dolor y sorpresa.
Entonces ella respiró hondo, una inhalación entrecortada.
—Tú… me pega