**Punto de vista de Aria**
No lo negó. Solo me observó, con una intensidad callada en la mirada que me calentó el cuello.
Leo, aburrido de la conversación de adultos, se giró y golpeó con ambas manos el pecho de Valente.
—¿Papá quédate?
Valente dudó, sus ojos se deslizaron hacia mí por una fracción de segundo antes de volver a Leo.
—Hoy me quedo. Todo el día.
Leo aplaudió con las manitas.
—¡Papá quédate! ¡Papá juega!
—Sí —dijo Valente, con la voz más suave—. Papá juega.
Volvió a mirarme.