**Punto de vista de Aria**
El Patriarca se apartó de la vitrina, todavía sosteniendo a Leo y la daga. Caminó más adentro de la casa, mostrándole habitaciones llenas de pinturas oscuras de ancestros severos, estatuas de mármol, trofeos de poder. Leo tocaba todo: el mármol frío de un busto, el terciopelo rico de una cortina, la barbilla afilada del anciano. Nada ocurrió. Ni gritos. Ni castigo. Ni sangre. Solo el sonido de los pasos medidos del viejo y el balbuceo curioso del niño.
Valente finalme