**ARIA**
Nos quedamos allí. En silencio. Inmóviles. La fotografía descansaba en su mano, con los bordes desgastados y los colores desvaídos. Nuestros dedos seguían entrelazados. El tiempo pasaba lentamente. La luz de la habitación se desplazaba, recorriendo el suelo y subiendo por la pared. Ninguno de los dos se movió. Ninguno habló. No hacía falta.
Entonces un sonido pequeño. Leo.
Me giré. Se había despertado. Estaba sentado en la manta que había extendido para él, con el cabello revuelto y lo