El despacho de Boris Minsky nunca se había sentido tan frío, a pesar de que la calefacción trabajaba a toda marcha. Emily estaba sentada frente al enorme escritorio de madera oscura, rodeada de carpetas que olían a papel viejo y a secretos guardados bajo llave durante décadas. Gracias a las confesiones de Igor, las piezas del rompecabezas estaban finalmente en su lugar. Emily no solo había rescatado a los "olvidados", sino que había ejecutado un movimiento quirúrgico: en menos de cuarenta y och