El resonar de los neumáticos de los cuatro autos que salieron de la mansión Romanov golpean la tierra desértica como un gigante demoledor. Nadie sabe con lo que se van a encontrar salvo Egor quien conduce con una sonrisa altiva en los labios. A su lado, Samvel dispuesto a lograr cada objetivo propuesto dentro de la organización. El trayecto no era corto, pero la ansiedad era su mayor enemiga, Clara había sido puesta en libertad unas seis horas antes. Nicolay Romanov dio la orden, orillado por E