La voz de Gleb se escucha fría y amenazante, despojada de toda la falsa amabilidad de la cena
—¡Gleb Petrov! —dice Emily guardando la calma todo lo que puede.
—Espero que estés descansando —suelta una risita Te llamo para avisarte que hemos tomado el control del almacén cuatro. Como comprenderás, no podemos permitir que la inestabilidad de tu familia afecte el flujo de mercancía en la frontera.
—Pensé que, con ese aire aristocrático que presumes, solicitarías formalmente el permiso para hacerlo