Edward Sutton no recordaba una mañana en la que el café le hubiera sabido tan dulce. Estaba en su oficina, rodeado de informes financieros, cuando su asistente entró con una noticia que iluminó su rostro de una forma sombría.
—Señor, Declan Westerfield ha tenido un accidente. Está en el hospital ahora mismo.
Edward dejó la taza de porcelana sobre la mesa y una sonrisa maliciosa, casi depredadora, curvó sus labios. No necesitó detalles. En su mente, los engranajes de la destrucción ya habían com