Valentina, con el rostro encendido por una mezcla de fatiga y humillación, sintió que algo dentro de su pecho terminaba de romperse. Ya no era solo tristeza; era el cansancio absoluto de quien ha intentado rescatar a alguien que se aferra con orgullo a su propio hundimiento.
—Deberías aceptar de una vez que eres demasiado terco, Declan —soltó ella, levantándose de la silla con una brusquedad que hizo que el corazón le diera un vuelco—. No me quieres cerca. Te esfuerzas tanto en alejarme que lo