Valentina regresó al Penthouse arrastrando los pies, sintiendo que el peso de su vientre se había duplicado con el estrés de la llamada. Era una ironía cruel: Declan se mostraba obsesivamente preocupado por su seguridad, tratándola como si fuera de cristal, mientras él mismo parecía estar hecho de grietas que se negaba a reparar.
Al entrar, Luna la recibió en el vestíbulo. La empleada, que solía ser discreta, no pudo ocultar el alivio en su rostro al verla cruzar la puerta.
—Señora Valentina...