Declan entró en el edificio de Westerfield lejano a cómo se sentía. Por dentro, sin embargo, los cimientos de su mundo se caían en pedazos.
Había manejado a duras penas, pero el temblor seguía instalado en sus dedos. Era como si su cuerpo le recordara el martirio de una enfermedad.
Al llegar al piso ejecutivo, no saludó a nadie. Su mente era un zumbido constante, estaba atrapado detrás de sus ojos. La reunión con la junta directiva, que había olvidado por completo, ya había comenzado hacía ve