La noche se había vuelto densa y el silencio en el penthouse solo era interrumpido por el tictac lejano de algún reloj. Valentina no podía dormir; una inquietud sorda le apretaba el pecho. Había notado a Declan "diferente" durante todo el día. Aunque él se esforzaba por mantener su fachada de acero, ella había captado esos segundos de debilidad, la forma en que cerraba los ojos con fuerza o cómo se sostenía de los muebles cuando creía que nadie lo veía.
Preocupada, caminó por el pasillo hacia e