La comida fue breve pero reconfortante, un respiro necesario antes de volver al hermetismo del ático. Al regresar, Valentina esperaba que Declan se encerrara en su despacho como de costumbre, pero él la sorprendió dejando su maletín a un lado y aflojándose la corbata con un gesto inusualmente relajado.
—Hoy es un día diferente —comentó él, mirándola de reojo—. ¿Qué tal si dejamos las responsabilidades fuera por unas horas y vemos una película?
Valentina aceptó, intrigada por esta nueva faceta d