Al verla entrar, dejó de escribir y se reclinó en su silla de cuero, observándola con una fijeza que la hizo preguntarse si él también recordaba el beso con la misma intensidad.
—Luna me dijo que querías verme —comenzó ella, cerrando la puerta tras de sí—. ¿Pasa algo?
Declan guardó silencio un momento, examinando su rostro. Notó que estaba un poco más pálida de lo habitual.
—Te ves como si no hubieras descansado nada —comentó él, con un tono que no era gélido como en su sueño, pero sí bastan