Declan se sumergió de inmediato en sus dispositivos, poniéndose al día con montañas de correos, mientras Valentina, arrastrando los pies, se refugió en su habitación. El cansancio del embarazo empezaba a pasarle factura; era un sueño pesado, una bruma que no se disipaba por más que descansara.
Sin embargo, la tregua física duró poco. Al despertar por la tarde, mientras intentaba comer algo ligero, una oleada de náuseas violentas la golpeó sin previo aviso. Corrió al baño, sintiendo que el mundo