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La tensión en la habitación se había vuelto casi sólida, una corriente eléctrica que amenazaba con consumirlos si se sostenían la mirada un segundo más. Fue Declan quien, con un esfuerzo visible de voluntad, rompió el hechizo. Su voz, aunque intentaba ser profesional, sonó más áspera de lo normal.

—Ya se nos está haciendo un poco tarde. Vamos —pronunció, aclarando su garganta.

Valentina asintió con un movimiento rápido de cabeza, sintiendo que el aire regresaba finalmente a sus pulmones. Intern
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