En la oficina, Adriana regresó para entregar unos informes finales. Declan, sin levantar la vista de su monitor, le dio una instrucción inusual.
—Adriana, cancela mis compromisos de esta tarde. Saldré temprano —sentenció con voz firme.
La secretaria lo miró con sorpresa contenida. Declan Westerfield nunca dejaba el trabajo antes de tiempo por asuntos personales.
—Está bien, señor. Como usted ordene —respondió ella, guardando una distancia respetuosa. Adriana sabía del escándalo y, aunque respet