En el área de secretaría, el aire se podía cortar con un hilo. Mila Spears se mordía las uñas con tal fuerza que temía lastimarse. Su compañera de escritorio, al verla tan inquieta, se acercó sigilosamente.
—¿Qué te sucede, Mila? Estás pálida. ¿Es por ella? ¿Ha llegado Valentina? —susurró la otra mujer, lanzando una mirada fugaz hacia el pasillo.
Mila la miró con los ojos empañados, reflejando una angustia genuina.
—Me pasa de todo. Valentina entró hace un momento... se veía fatal, como si carg