El silencio que siguió a la pregunta de Declan fue tan denso que Valentina sintió que podía tocarlo. La duda, sembrada de forma tan quirúrgica por aquel hombre, empezó a ramificarse en su mente. ¿Amaba realmente a Edward? ¿Era ese dolor que sentía una pérdida de amor, o simplemente la agonía de una traición? Nunca se lo había cuestionado; Edward era el camino trazado, el hombre perfecto para la mujer perfecta. Pero ahora, frente a la mirada azul de Declan, se sentía como una impostora en su pro