Verónica Fairchild se miró al espejo del ascensor mientras descendía hacia el estacionamiento del edificio de Edward. Sentía una irritación punzante en las sienes; la actitud burlona de su prometido y el aura de misterio que lo rodeaba la estaban asfixiando.
—Necesito aire —murmuró para sí misma, ajustándose las gafas de sol de diseñador.
Para Verónica, "trabajar" en los preparativos de la boda consistía básicamente en señalar catálogos y delegar, pero ella se convencía a sí misma de que estaba