El cristal de la ventana de la cafetería estaba empañado por la humedad de la tarde, creando una barrera borrosa entre Valentina y el resto del mundo. Frente a ella, un batido de fresa permanecía intacto; el color rosado contrastaba cruelmente con la palidez de su rostro y la sombra de sus ojeras. Observaba el popote con la mirada perdida, sintiendo que su vida era una sucesión interminable de laberintos sin salida.
"¿Por qué siempre son latigazos?", se preguntaba en silencio. "¿Por qué la est