La atmósfera en la habitación del hospital se volvió irrespirable en cuanto Eleanor Westerfield cruzó el umbral. No entró como una madre buscando consuelo, sino como un general que llega a inspeccionar las ruinas de una batalla ganada. Se acercó a la cama de Declan con una expresión de preocupación ensayada, pero sus ojos brillaban con una satisfacción que no lograba ocultar del todo.
—Escuché todo hace algunas horas, hijo —comenzó ella, llevando una mano a su pecho en un gesto dramático—. Escu