El jadeo le robó el aliento. Las palabras de Mason la golpearon como si de una bofetada se tratase y las lágrimas amenazaron con bañar su rostro de porcelana. No obstante, Clarisse tragó el nudo amargo que se formó en su garganta y le hizo frente ya casi sin fuerzas, pero con la voluntad de una verdadera fiera.
—No me crea tan tonta —lo miró de arriba abajo con desprecio—. No cometeré dos errores el mismo día y, a menos que se retire, cumpliré con mi palabra de golpearlo ahí.
Se atrevió a señal