Mason abrió los ojos sin ocultar lo impresionado que estaba ante las palabras de Anston, sin embargo, no pretendió ser descubierto… aún.
— ¡No uses ese tono conmigo, niño! —advirtió acomodando los puños de su camisa y ajustando los de la chaqueta—. Mantén la distancia y todo irá mucho mejor, no olvides quién soy —expuso con molestia fingida.
— Sí, claro, es usted un Duque, ¿es en serio, excelencia? —el cochero abrió la portezuela y Mason le indicó a su invitado seguir—. Su arrogancia es demasia