Capítulo 115 —La herencia maldita
Narrador:
El comedor grande de la mansión Adler no tenía nada de doméstico cuando se llenaba de gente como esa. No era una mesa, era una mesa de guerra. No era una lámpara, era una luz de interrogatorio. Y no era silencio: era esa calma tensa que aparece justo antes de que una verdad haga explotar el aire.
Camila entró con el cuerpo todavía vibrándole por el golpe de Valeria, por el abrazo, por el “que estén vivos” dicho como oración y amenaza. Se sentó sin