—¿Qué dijiste? —Rodrigo abrió los ojos con incredulidad—. ¡¿Cómo que no estamos casados?! ¡¿Estás seguro?!
Del otro lado del escritorio, su asistente tragó saliva y respondió con voz temblorosa:
—Señor Morales, revisamos los registros una y otra vez. No hay margen de error. Usted y la señorita Mendoza… nunca registraron el matrimonio.
El teléfono resbaló de la mano de Rodrigo y cayó al suelo con un golpe sordo.
Su mente quedó en blanco. Recordaba perfectamente el día en que Susana llegó a su vid