Marlín Brenes bajó rápidamente y salió rumbo al restaurante de Daniel Bruce. Este último contemplaba desde las cámaras, con una sonrisa de medio lado, los movimientos de Kristhel.
No había dejado de observarla desde que ingresó a trabajar. Había notado que aquella jovencita era una inútil: no sabía ni freír un huevo. Cada tarde y fin de semana era regañada por el chef o por cualquiera de los que estuvieran a cargo.
Definitivamente, ella no era la empleada que necesitaba en esa área. Se notaba q